Asociación Uruguaya Perros de Asistencia para Ciegos
  Desde el celo hasta el parto
 
DESDE EL CELO HASTA EL PARTO
           
Las perras tienen el celo aproximadamente cada seis meses, aunque no se puede precisar con exactitud porque varía mucho en función de la raza; a veces se presenta cada ocho meses o incluso más.
 
Se advierte que la perra ya tiene el celo porque se le abulta la vulva, empieza a sangrar y deja en el suelo unas manchitas sanguinolentas. Hay que llevar un calendario muy riguroso para prever el momento en que empezará. El celo dura unos veintiún días, y la ovulación se produce, aproximadamente, a partir del décimo en adelante.

Si la hembra comparte la vivienda con un macho, no es necesario que estemos pendientes del calendario, pues el perro advertirá el estado fértil de su compañera. Es conveniente que entonces los separemos para que no la cubra, si no fuera éste el macho que habíamos escogido para ella.
 
La edad idónea para que la perra tenga su primera cría es durante el tercer celo, lo que acostumbra a suceder en torno a los dos años de edad. En ese momento, el animal tiene los tejidos muy elásticos, y el proceso de gestación y alumbramiento no le causa perjuicio de ningún tipo. Sin embargo, a partir de los seis o siete años, si que le resultaría perjudicial e incluso peligroso.

La cubrición se puede llevar a cabo de dos formas distintas. Si tenemos un macho en casa, los propios animales decidirán el momento oportuno de la monta. En el caso de tener que llevar a la perra a que la cubra otro macho, las cosas cambian un poco. Tenemos que escoger muy bien al perro y, después, llevar a la hembra al veterinario para que le practique un examen y nos indique en qué punto del ciclo se encuentra, aunque, como ya hemos dicho, el momento fértil es a partir del décimo día.
 
Antes de llevar a cruzar a nuestra labradora, hay que desparasitarla y vacunarla contra el parvo virus, con objeto de que los pequeños nazcan inmunizados.

En el capitulo correspondiente se especifican las reglas para la cubrición, pero prefiero hacer unas aclaraciones previas. El proceso se puede llevar a cabo de dos formas distintas: la primera consiste en ponerse en contacto con el propietario del macho para que nos informe de la cantidad que debemos abonar por la cubrición de la perra. En el precio se incluye la repetición de la monta, e incluso hay quien, para asegurarse, repite una tercera vez. 
La segunda opción, si decidimos no pagar la monta, consiste en ceder al propietario del macho el derecho de escoger un cachorro cuando la carnada tenga ya seis semanas de vida más o menos, con el riesgo de que escoja a nuestro favorito. Si sólo naciera un cachorro, el propietario del macho tendría derecho aun celo. 

Generalmente, lo más práctico es pagar la monta, porque así podemos escoger, con entera libertad, el que más nos guste de toda la carnada. Además, si decidimos abonar el servicio y la perra no queda preñada, tenemos derecho a una segunda oportunidad sin gastos adicionales.

Para verificar el estado de nuestra perra, el veterinario puede practicarle una ecografía a partir de los treinta días; además, así podremos saber el número de cachorros que tiene e incluso cómo están colocados. Calcularemos que el parto se producirá unos cincuenta y seis días después de la cubrición.

Una semana antes del día calculado para el parto, conviene preparar el lugar donde la perra vaya a alumbrar, porque los desplazamientos no son aconsejables cuando la gestación está tan avanzada. Además, un cambio de entorno podría provocar el rechazo de la madre a sus pequeños, o bien que los traslade incontroladamente en la boca para esconderlos y tratar de ocultarlos en los lugares más insólitos y por separado, de modo que la cría entera correría el riesgo de morir por enfriamiento.

El sitio escogido tiene que estar protegido de las corrientes de aire y no ser un lugar de paso, para evitar molestias a la madre y riesgos innecesarios de contagio a los pequeños. La temperatura idónea oscila entre los 23 y 24 0C; podemos instalar una lámpara de infrarrojos, pero evitando en todo caso que la madre tenga demasiado calor, porque se iría a buscar un lugar más fresco y dejaría abandonados a los pequeños, para los cuales, la temperatura es tan importante como el alimento que toman.

Así pues, conviene preparar un cajón de madera lo suficientemente
grande como para que quepan la perra y sus cachorros, teniendo en cuenta que no se moverán de allí por lo menos en un mes y que, para entonces, los pequeños habrán crecido ya un poco. A fin de que la madre no aplaste a los cachorros sin querer, podemos colocar un tubo flexible rodeando el interior del cajón, o bien unos barrotes protectores.
 
EL PARTO
 
Como hemos indicado antes, pasados cincuenta y seis días desde la cubrición es necesario intensificar el control de la perra, sobre todo si es primeriza. El día del parto se pone nerviosa e inquieta, rasca el suelo y la pared e incluso muerde los objetos que están a su alcance. El hecho de que la perra devore la comida o la rechace no es sintomático de la inminencia del parto; sin embargo, el cambio de su temperatura corporal sí es significativo. Su temperatura normal es de 38,5 OC pero, si baja hasta unos 37 0C o menos, quiere decir que el parto se aproxima. Es el momento de hacer controlar a nuestra perra por si se presentan problemas, aunque no es lo más frecuente y casi siempre los acabará resolviendo ella sola. Para el parto necesitaremos una serie de utensilios: tijeras sin punta para cortar el cordón umbilical si la madre no lo hiciera; un rollo de papel de cocina, que es muy absorbente, para secar a los cachorros a medida que vayan naciendo; hilo; jeringuillas desechables; antibiótico inyectable; un preparado de oxitocina para acelerar el parto; algodón, y hojas de periódico para mantener a los cachorros limpios.

Cuando la perra rompe aguas, al acto empiezan las contracciones del primer nacimiento. Debemos supervisar el momento en que sale el pequeño , porque si la madre no rompiera la bolsa, tendríamos que hacerlo nosotros para evitar la asfixia de la cría. 

Una vez nacido, colocaremos al cachorro boca abajo y le daremos unas palmaditas para que inicie el llanto que abre los pulmones. 

Lo secaremos cuidadosamente y lo dejaremos al lado de su madre.

Una vez nacido el primer cachorro podemos inyectar la oxitocina a la madre, previa consulta al veterinario con el fin de establecer las dosis y la frecuencias de aplicación. Este producto no puede administrarse antes del primer alumbramiento, porque pondría en peligro la salud de la madre.

Si los cachorros no estuvieran correctamente colocados para nacer, las cosas se complicarían un poco y tendríamos que ayudar a la madre atraerlos al mundo, en cuyo caso procederemos con suma precaución para no lesionarles las extremidades.

Por lo general, la madre se come las placentas, conducta que debemos respetar si todo sigue su curso normal; por el contrario, silos cachorros nacen muertos o se presenta alguna otra anomalía , deberemos impedírselo, porque podría resultarle muy perjudicial. Normalmente, se ofrece alimento a la perra para comprobar si ha terminado el alumbramiento, aunque no se trata de una prueba definitiva, porque a veces comen algo y después siguen. Si el parto se alarga y la perra se agota, podemos darle un café con leche bastante cargado, con mucho azúcar y una yema de huevo; esto la reconfortará y después continuará sin ningún problema.

Cuando el parto concluye, la madre atiende a los cachorros, los lame y los mantiene a todos bien calientes a su lado.
 
CUIDADOS ESPECIALES Y ASEO
 
La raza labrador retriever, igual que la golden retriever, es muy prolífica, y sus camadas son muy numerosas, del orden de ocho o nueve cachorros. Las perras retriever son unas madres excelentes y raramente presentan partos difíciles. En caso de practicarse una cesária, cosa poco probable, es necesario tener en cuenta que la perra tal vez no reconozca a sus cachorros e incluso llegue a rechazarlos por no tener la sensación de haberlos parido. También es posible que no se produzca la bajada de leche, en cuyo caso habrá que alimentar a todos los cachorros con biberón cada dos o tres horas, incluso por la noche; de lo contrario , corremos el riesgo de que mueran. Durante los primeros días, conviene controlar la cantidad de leche que produce la madre, por si fuera insuficiente para alimentar a todos los pequeños. Cuando el número de mamas es inferior al de cachorros, puede ocurrir que los más fuertes no dejen acercarse a los más débiles, que se quedarían sin mamar. Por lo tanto, tenemos que ir cambiando de sitio a los indefensos para que todos se nutran.

Un gran peligro al que están expuestas las perras de muchas razas es la hipocalcemia posparto. es decir, una bajada de calcio. 

Los síntomas más frecuentes son temblores y nerviosismo, aunque la perra puede quedarse como aletargada. En ese caso reacciona inmediatamente a una inyección intravenosa de calcio, o bien intramuscular, que también resulta muy efectiva.

Los primeros días, es aconsejable comprobar el buen funcionamiento de todo el proceso, incluso a media noche y de madrugada, para evitar que algún cachorro quede apartado de la madre, se enfrié y muera.

Si la madre presenta endurecimiento de la región mamaria, podemos ayudarla administrándole un producto especial de los disponibles en el mercado para que se le ablanden las glándulas mamarias, porque los pequeños no tendrían fuerza suficiente para mamar y, por otra parte, en caso de mastitis, la leche no sería nutritiva. Los tres primeros días después del parto es aconsejable darle a la madre algún tipo de antibiótico, pero siempre bajo la supervisión del veterinario. Los pequeños abren los ojos a partir del día catorce o quince, y los oídos se les destapan hacia el cuarto o quinto día. Es el momento en que empiezan a moverse y, una semana mas tarde, ya caminan. Coincidiendo con el momento en que abran los ojos, iniciaremos la nutrición mixta, que consiste en complementar la alimentación a base de leche materna, con carne picada de ternera o buey sin grasa. La primera vez que el cachorro ve la comida, suele despreciarla. No debemos forzarlo; es preferible volverlo a intentar al día siguiente. El yogur sin azúcar es también muy saludable para los pequeños, y hay que dárselo a cucharaditas o con una jeringuilla (sin aguja). Más adelante, ya pueden tomar papillas con cereales, a las que añadiremos la carne y el yogur.

La primera desparacitación se hace cuando han empezado el régimen de comida mixta, que es cuando se presenta el riesgo de parásitos. Para ello se utiliza un producto polivalente que combate tanto los parásitos planos como los redondos. Teniendo en cuenta la temprana edad de los cachorros, es preferible utilizar un producto liquido, más fácil de administrar que las pastillas olas cápsulas, y más difícil de vomitar. La porción del jarabe vermífugo depende del peso del animal; conviene consultar al veterinario para que nos oriente. Se administra con una jeringuilla, como la comida, que se introduce por la boca y se coloca lo más cerca posible de la garganta para asegurarnos de que se la traga. Si a la mañana siguiente las heces del perro presentan abundancia de parásitos, hay que repetir la operación para que termine de expulsar las larvas.

Aunque los cachorros sigan mamando al cabo de cuatro semanas, tenemos que aumentar la dosis de comida que les damos, para completar su alimentación y aliviar a la madre. Si optamos por la alimentación tradicional, proseguiremos con las papillas. la carne picada, el yogur, etc. Pero si decidimos darles una dieta seca, se la introduciremos gradualmente, añadiendo pienso especial para cachorros a la carne o la papilla. en cantidades moderadas, y reduciendo al mismo tiempo la dosis de dichos alimentos.

Dos veces por semana añadiremos a su ración una sola yema de huevo, sin la clara, porque fortalece y lustra el manto, característica tan importante del labrador.
 
ATENCIONES PERIODICAS Y VACUNACIONES
 
El destete se efectúa a partir de las seis semanas. Se procederá
a separar al cachorro de la madre y, en lo tocante a la alimentación, será necesario administrarle pequeñas cantidades de alimento cinco veces al día. Como hemos indicado en el
capítulo anterior, podemos optar entre dos clases de dieta: la tradicional o el pienso.

Después, iremos aumentando la cantidad de comida y espaciando las tomas según el siguiente esquema orientativo: a los dos meses, tres comidas al día; a los ocho meses, dos; al año, una sola, ya sea por la mañana o por la noche. Al mes y medio, vacunaremos por primera vez al cachorro, pero antes hay que desparasitarlo. La primera vacuna, llamada puppy, es bivalente, porque previene el moquillo y el parvo virus, enfermedades muy peligrosas para el cachorro. A las cuarenta y ocho horas de haberlo desparasitado, el facultativo le inyecta la vacuna. Entre las ocho y las nueve semanas se vuelve a desparasitar, como siempre antes de vacunarlo, y se procede a la administración de la trivalente, que previene el moquillo, la leptospirosis y la hepatitis vírica, o de la tetravalente, efectiva contra el parvo virus. Esta vacuna se repite al cabo de cuatro semanas para reactivar el efecto contra la leptospirosis.

No se debe bañar al cachorro, pero podemos limpiarlo «en seco” con un champú de espuma u otros productos existentes en el mercado. Si por algún motivo fuera imprescindible bañarlo, es necesario hacerlo en un lugar sin corrientes de aire y secarlo inmediatamente con un secador eléctrico. Durante el periodo de vacunaciones no se debe mojar al cachorro en ningún caso. 

Tampoco son recomendables las salidas al exterior hasta pasadas dos o tres semanas de la segunda vacuna, la trivalente. En la calle siempre corren riesgo de contagio, aunque si se dispone de un jardín donde puedan pasar ratos al aire libre, no hay ningún inconveniente; lo único que se pretende evitar es que contraigan enfermedades.

La educación del cachorro Hay que empezar a educar al cachorro desde el momento en que llega a casa. Lo primero es familiarizarlo con el lugar donde tiene que hacer sus necesidades. Para ello, colocaremos un periódico en el suelo y lo sentaremos encima unos minutos. Es probable que no tarde en comprender que ése es el sitio indicado para hacer sus necesidades. Si el cachorro lo hace en otro sitio, tenemos que mostrarle “su rincón’, hablándole con voz enérgica.
 
Para hacérselo entender mejor. le enseñaremos un periódico doblado al tiempo que le decimos: Aquí no». pero sin pegarle nunca; acto seguido. lo llevaremos al lugar previsto.

La gente. ante casos similares, suele refregarle la trompa contra el suelos en el sitio donde ha hecho sus necesidades, pero esta práctica es poco higiénica y muy denigrante.

Si vivimos en un apartamento y no disponemos de patio o jardín. cuando el perro esté reglamentariamente vacunado tenemos que sacarlo a la calle tres veces al día. Es normal que en su primera salida no quiera hacer sus necesidades en la calle, por lo que nos cuidaremos de que las haga en el periódico a la vuelta. Cuando el cachorro no obedece, se le llama con voz autoritaria, sin pegarle nunca, en el mismo momento de la desobediencia, pues de nada servir reprenderlo por algo que ha hecho con anterioridad, ya que no se acordaría ni lo asociaría con el castigo.

También hay que acostumbrarlo a llevar correa desde muy pronto. Si comenzamos a hacerlo a los dos meses, será fácil, pero más tarde, las cosas se complicarán. Para iniciarlo, le colocaremos el collar dentro de casa. Seguro que intenta quitárselo rascándose como si tuviera pulgas, pero es debido únicamente a la falta de costumbre. Una vez superada esta fase, le pondremos la correa e intentaremos que nos siga, ofreciéndole una golosina o algo que le agrade.

Si tenemos intención de presentarlo en exposiciones, ahora es el momento de enseñarle a estarse quieto encima de una mesa, posando con los cuartos traseros bien colocados, como tendrá que hacer ante los jueces cuando sea adulto.

Hay que cepillarlo dos veces por semana y, por tanto, tiene que acostumbrarse desde el principio a no moverse mientras se le peina el manto, operación que revitaliza su pelaje y elimina las células muertas.
 
 
 ENFERMEDADES FRECUENTES.

El labrador retriever, como el golden retriever, es una raza muy
fuerte que en principio no está expuesta a ninguna enfermedad específica. La displasia es, como en otras muchas razas, la afección con mayor incidencia, aunque en el caso del labrador no es necesario efectuar una radiografía, como ocurre con otros perros como el rotweiller y el pastor alemán, por ejemplo. El labrador retriever es muy propenso a cierto tipo de eczemas, pero es el veterinario quien debe indicar el tratamiento más adecuado.

Es importante evitar la otitis, afección que propician las orejas caldas y peludas de este perro. Es fácil reconocer esta dolencia porque el animal mueve las orejas a ambos lados, se las rasca y. además, desprende un olor desagradable y característico. Para limpiárselas. se utiliza un bastoncito de algodón y, después, se le aplican en cada oreja las gotas que prescriba el veterinario.

No hay que dejarse engaña por la complexión robusta del labrador; debemos proporcionarle siempre, como haríamos con cualquier perro, una alimentación equilibrada y unos cuidados mínimos para mantenerlo en perfectas condiciones.
 
PLAN DE ALIMENTACION.
 
Los capítulos anteriores hemos visto el desarrollo del perro en
sus distintas etapas, desde el destete, que se efectúa al mes y medio, hasta el primer año de vida. Ahora vamos a tratar el tema de su alimentación a partir de este momento.

La alimentación del perro guarda una estrecha relación con la actividad que realiza; hay que tener en cuenta que las necesidades nutricionales de un perro que se pasa el día echado en el sofá no son las mismas que las de uno cuya actividad o tarea lo obligan a estar continuamente en movimiento. Si hemos optado por la comida seca, es decir, el tienso, existe en el mercado una amplia gama de alimentos energéticos apropiada para perros que realizan una actividad que comporta un mayor desgaste, por lo que precisan un alimento con mayor aporte proteínico.

La alimentación no sólo determina su estado físico y psíquico, sino también su belleza en general. Un perro mal alimentado nunca tiene el manto en buenas condiciones ni los ojos brillantes.

Si nuestro perro ya es adulto y no realiza actividad alguna, será suficiente alimentarlo con el clásico pienso de mantenimiento, aconsejado precisamente para perros que no trabajan. Los piensos llamados ‘de alta energía’ son recomendables no sólo para el perro que realiza una actividad completa, sino también para la hembra preñada oque cría a sus cachorros, porque es precisamente en este momento cuando necesita mayor aporte de vitaminas y proteínas. Así mismo, el pienso recomendado para cachorros, producto con un alto contenido energético, es también muy aconsejable para las madres.

A partir de los ocho años se usa el pienso denominado ‘senior’, apropiado para perros que ya no realizan ninguna actividad y que empiezan a considerarse de edad avanzada.

En el caso de que nuestro perro o perra estén obesos, también existe en el mercado un pienso laight, idóneo para estos casos.

Si en lugar de la comida seca a la que nos hemos referido, preferimos la comida clásica, hemos de proceder teniendo en cuenta las pautas antes expuestas en lo que se refiere a los aportes de vitaminas y proteínas en general. Es decir, la alimentación del cachorro tiene que ser rica en vitaminas y calcio, y debemos complementarla con yogur, queso fresco y otros productos similares, así como verduras y cereales, sin olvidar, naturalmente, que el perro es carnívoro por naturaleza y que, por lo tanto, la carne debe ser la base de sus comidas principales. El perro joven sigue la misma dieta hasta alcanzar la edad adulta, momento en que se le modifica en función de la actividad, el peso y el tamaño del animal. En el caso de que hayamos optado por la comida clásica, la carne y los cereales constituyen la base de su alimentación.

El perro adulto que realiza una actividad concreta precisa un mayor aporte proteínico y, alrededor de los diez años, vuelve a necesitar vitaminas y cierto tipo de cuidados especiales sobre los que nos aconsejará el veterinario.

Es muy importante evitar darle al perro las sobras caseras, ya que están cocinadas con sal, grasas y especias que suponen un peligro potencial para el animal. Tampoco es nada recomendable que coma huesos de caza; los de conejo y los de pollo, por ejemplo, son astillosos, se le pueden clavar en el intestino y producirle una obstrucción. En cambio, si podemos darle huesos porosos, como los de ternera o buey, que, además de digerirse con facilidad, fortalecen la dentadura.

Ya hemos comentado anteriormente que los condimentos como la sal no le convienen. También cabe señalar que dar terrones de azúcar al perro, costumbre muy extendida, puede resultarle muy perjudicial, ya que el azúcar no solamente está contraindicado para la vista, sino que además favorece la aparición de parásitos intestinales. En caso de administrarle carne fresca, es conveniente dársela cruda, tanto si se trata de carne picada como de trozos, porque al hervirla pierde parte de sus vitaminas. Las víceras, sin embargo, hay que hervirlas o hacerlas a la plancha, pero éstas deben limitarse únicamente a corazón e hígado, y hay que evitar a toda costa otra clase de despojos. El bazo, por ejemplo, produce diarreas, y el pulmón. la tráquea y otros menudos no solamente no aportan ningún tipo de alimento, sino que. si se administran crudos, pueden transmitir la terna equinococo, productor del quiste hidátídico.

La salud de nuestro perro nos agradecerá que sigamos estas instrucciones para una correcta alimentación y, al mismo tiempo, así evitaremos toda clase de problemas. tanto para nosotros como para el animal.
 
 
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